EL LEÑADOR

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EL LEÑADOR

Mensaje por Elanor Bolson el Miér Oct 12, 2016 11:30 pm

EL LEÑADOR
A Agüero.

Uno tras otro habían ido cayendo rendidos por la sierra que cortaba sus vidas bajo la voluntad de aquel hombre. No había opción ni escapatoria; él los había plantado y él ahora decidía cómo y cuańdo terminarlos. Habían sido puestos allí con un propósito que ellos no entendían... que no compartían.

El hombre infatigablemente roía sus cortezas a la vista de los otros que esperaban su turno para caer. Ensimismado en su tarea no se había puesto a pensar en la vida que lo rodeaba, es más, solo hubo un momento en que paró, sí, paró para mirar a su alrededor con orgullo y ver que su fabuloso esfuerzo iba a dar sus frutos.

Trabajaba en el monte desde muy joven, se hizo desde abajo, tuvo que aprender desde el principio hasta perfeccionarse de tal manera que ya era como respirar el tirar un árbol… árbol que le daría su madera para poder venderla y llevar los réditos de su sudor a la mujer y los niños que lo esperaban en su casa.

La vista mostraba un monte mutilado, un bosque que ya no lo era, un cementerio de troncos tronchados y ramas pisoteadas.

El trabajo de todo el día, el esfuerzo que le daría de comer a su familia. Años de tarea...y tenía planes para mejorar la tala: compraría nuevas sierras, contrataría más gente… podría cortar más por día, por semana, por mes, por año...por años!

Ya el día finalizaba y el cansancio empezaba a pesar en los brazos, en la espalda, unos pocos más y acabaría y podría volver al calor de la cocina  a  leña de su casa, allí su mujer lo esperaría con un buen mate amargo.

Encendió por última vez  la motosierra y empezó a herir la cáscara del eucaliptus.
Era un árbol grande y alto, muy viejo, tan viejo que no lo había plantado él, daría mucha leña, postes y puntales.

El rigor del día pasaba factura al cuerpo, parecía más difícil derribar aquel árbol, parecía que se resistía, como si se estuviera defendiendo, como si empujara los dientes de hierro para afuera, como si se estuviera batiendo a duelo en un acto de rebeldía de la naturaleza contra el hombre y el metal.

Al fin pudo entrar en las entrañas del eucaliptus, pudo vencer el leñador la dureza del tronco.
Ya lo iba a derribar pero el cansancio, el final del día, la dureza del árbol la rebeldía de la naturaleza, el viento... hicieron que el tronco moribundo cayera sobre el hombre, como en un último intento de vida, no para él, para los otros, como cobrándose todas las muertes, aún la propia ,con la de aquel hombre al que esperaban su mujer y sus hijos en el calor de la cocina y con el mate pronto.

Elanor Bolson

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