Juegos cotidianos

Ir abajo

Juegos cotidianos

Mensaje por Engel el Mar Oct 11, 2016 8:29 pm

Todos los días recorría el mismo camino en el ómnibus después de la jornada laboral. Tenía la manía de imaginar la vida de sus compañeros de ruta. Estaban los de siempre, los que día a día recorrían junto a él parte del regreso, y estaban los aleatorios, aquellos que subían una vez y nunca más se sabía de su existencia.
Para todos imaginó una vida entera, con sus espectros de colores. Vidas negras como los demonios que llevaban dentro; y vidas multicolores en las que había amplio margen para la felicidad. No dejaba pasar ningún detalle. Observaba con mucha atención la apariencia y la actitud de cada uno de ellos, mientas iban perdidos en el mundo virtual de la Internet. Él disfrutaba de escudriñar sus mentes, de revelar sus secretos por pequeños indicios que dejaban a la vista sus penas y sus alegrías.
Había un policía que siempre iba riendo, haciendo muecas a la pantalla de su celular. Estaba claro que conversaba por alguna de las múltiples redes sociales que hay al alcance de un Smartphone. Sus carcajadas irritaban a algunas mujeres que – estaba claro – volvían de hacer compras en Montevideo. Para este agente, imaginó una familia pequeña: una mujer amorosa y algunos hijos de poca edad. Las ojeras, que intentaba cubrir tras las gafas, dejaban en claro las malas noches, quizá por las guardias. Se lo veía feliz, a pesar de su mirada cansada.
También viajaban a menudo una mujer de mediana edad y su hija adolescente. Entre ellas se veía la relación conflictiva que implica la edad de la muchacha. Generalmente iban sin mirarse y sin hablar, salvo excepciones muy contadas. La chica siempre se sentaba en ventanilla con los auriculares que la transportaban a otro mundo, lejos de la presencia inquisidora de su madre. Ésta iba con la vista hacia adelante, incómoda. En cada parada observaba a los pasajeros que bajaban y subían con el típico desinterés de quien no tiene nada en qué pensar. Nunca los miraba a los ojos, claramente su mente estaba en otro lugar o en ningún lugar.
Pero su atención se desviaba siempre de ellas, que solo viajaban martes y viernes. En los asientos traseros, en el fondo de la oscuridad del pasillo que llevaba al final del ómnibus siempre resaltaba la cara blanquísima de Gimena. Era una muchacha triste, solitaria. Por lo visto también trabajaba en Montevideo, como él, y regresaba a casa exhausta. Nunca la vio hablar con nadie. Nadie se le acercaba, no se sentaban junto a ella. Imponía una distancia fría e implacable. Siempre miraba por la ventanilla. Su mirada vagaba fuera del vehículo y pasaba por los edificios montevideanos sin ninguna expresión. Era de las pocas pasajeras que no se escondían detrás de una pantalla.
Para poder observar a gusto, él decidió sentarse en el último asiento, donde asistía con mayor privilegio el misterio de Gimena. Los demás pasajeros desaparecieron cuando la obsesión lo llevó a centrar sus pensamientos en ella. Quería saber más, necesitaba más. Gimena era impermeable, jamás mostraba nada que le diera indicios. De todos modos, su aislamiento en el ómnibus revelaba que no disfrutaba de mantenerse en contacto con otras personas. Era solitaria, no había dudas. Pero, ¿qué había ocurrido para que una joven rechace el contacto con los demás? Era inmutable. Él nunca quiso hablarle. Sabía que su juego quedaría arruinado en tal caso. Pretendía saber de ella, como de los otros, pero era imposible traspasar la barrera de hielo que imponía con el resto de los pasajeros.
Supuso que vivía sola en la Costa de Oro, cerca de la playa. La imaginó bajando con el mate a la arena y hacer largas caminatas silenciosas en los domingos aburridos. Las olas que estallaban en la orilla también deseaban tocarla, sentirla, develar el misterio de su silencio, pero tampoco llegarían a ella. Él mismo se sintió una ola, acercándose por momentos hasta casi tocarla. Pero siempre aparecía la barrera que impedía que llegara hasta Gimena.
Durante semanas estuvo sacando conclusiones sobre este personaje, compañero de ruta, del cansancio del final del día y de su propia vida. Era necesario saber más. Tenía en mente varias ideas pero claramente ninguna daría resultado. En la noche, antes de dormir recordaba a Gimena y trataba de imaginar qué haría en ese instante. Era imposible, Gimena parecía pertenecer al ómnibus. Esta situación era insostenible, estaba dispuesto a todo por averiguar más sobre ella. Su juego se le había ido de las manos, era divertido pensar en las personas y darles a todos una vida de fantasía que encajara con la imagen que él veía. Pero Gimena era diferente, no era una simple pasajera. Había algo que no le permitía continuar con su rutina de todos los días. Estaba decidido a conocer algo más sobre su vida y para ello haría lo que fuera.
Acercarse a ella e intentar hablar fue la idea más estúpida. Por eso, decidió bajarse en la misma parada y seguirla unas cuadras, saber dónde vivía. No tenía muy claro qué iba a ganar con eso, pero también sabía que era necesario ir más allá.
Esperó al viernes 14 de julio, una fecha que no le decía nada, elegida al azar. Bajó tras ella y comenzó a caminar en dirección opuesta, vigilando siempre que no se perdiera de su vista. Cuando una cuadra entera los separaba, giró sus pasos tras ella. Mantenía la marcha. Gimena dobló en una esquina, pero cuando él llegó al lugar, no había rastro de la misteriosa muchacha que le había robado la calma. Recorrió la cuadra despacio, observando las casas una a una, y todas parecían iguales: ninguna le pertenecía a ella. Llegó a la siguiente esquina y volvió derrotado por el fracaso. Nada había averiguado, todo era tan confuso como antes. Regresaba a la parada, mientras pensaba qué hacer en la fría noche hasta el próximo ómnibus que lo llevara a casa. Mientras esperaba, se sonrió amargamente por la locura que estaba cometiendo, su juego estaba fuera de control. No podía seguir espiando a Gimena - ¿Gimena? Ni siquiera conocía su nombre, pero le pareció que ese le sentaba bien.
Faltaban quince minutos para embarcarse nuevamente con destino a su casa, se sentía ridículo. Poco a poco, su entorno comenzó a desaparecer. Estaba cada vez más adentro de sus pensamientos. Gimena. Era un misterio y él no podía hacer nada para indagar, no tenía herramientas. Gimena era lo último en que pensaba por las noches y su primera imagen mental en la mañana. El tiempo parecía detenerse, los minutos largos lo agobiaban mientras intentaba desprenderse del dibujo de la mujer. Era imposible, ella estaba grabada a fuego en su memoria. Era tarde ya, el frío le calaba los huesos. ¿Dónde estaba el ómnibus que lo llevaría de regreso a casa? La frustración le pesaba en los hombros, estaba cansado pero no podía evitar pensar en ella.
El 707 se detuvo frente a él. Lo abordó desganado, distraído. Buscó un asiento doble para adentrarse con más tranquilidad en su locura. Mientras recorría el vehículo con la vista, evitando el contacto visual con los demás, vio en el fondo la blaquísima cara de Gimena que miraba por la ventana, y sonreía. Como siempre, no prestaba atención a su alrededor. Era una sonrisa burlona. Millones de preguntas sin respuesta posible invadieron su mente y la confusión se apoderó de él. La sangre se congeló en sus venas. Era necesario aclarar la situación, sin pensamientos mediantes caminó con firmeza hacia el final del pasillo con la determinación de hablarle.
Se acercó al asiento final y sintió que la espalda se le heló. Comenzó a balbucear cosas, a hacer mil preguntas. Los pocos pasajeros que viajaban a esa hora se dieron vuelta a mirar a un hombre que hablaba con un asiento vacío.

Engel

Mensajes : 4
Fecha de inscripción : 27/09/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Juegos cotidianos

Mensaje por Sororis el Miér Oct 12, 2016 10:08 pm

Que lindo que esta!

Sororis
Admin

Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 20/09/2016

Ver perfil de usuario http://hijos-de-la-aguja.activo.mx

Volver arriba Ir abajo

Re: Juegos cotidianos

Mensaje por Eloin el Vie Mar 31, 2017 11:21 pm

Me gusto mucho, la idea de la historia está muy buena.

Eloin

Mensajes : 2
Fecha de inscripción : 14/10/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Juegos cotidianos

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.